En una cama yace la madre lista y servida... Tiene mucho tiempo ahí desgonzada, pero su rostro parecía indicar que fue apenas hace 5 minutos. La verdad es que fue hace casi 5 años. Pero la hija se percata de que la mano materna hace movimientos de salutación, justo cuando sólo la hija puede verlos. Por lo tanto nadie le cree. -"Que si, que si, que la acabo de ver moviéndose, se los juro".
Su amigo el italiano la escucha y comienza a hacer comentarios de su caso paterno. Se entabla una conversación de confrontación entre los sucesos madre/padre y se llega a la conclusión que fue una muerte de irse desconectando. Hasta por un instante llega la duda de si realmente estaba muerta, a lo mejor solo "andaba de parranda".
El marido, que giraba trazando círculos perfectos en el suelo de la sala cual si fuera un trompo ansioso, cargado de preocupaciones o nerviosismo, cayó tieso al lado de la suegra, acompañándola como si fuera su esposo.
Mientras tanto, la abuela ayudaba a la nieta a convertir un pedazo de metal que apareció en el apartamento en un precioso ornamento con hojas y uvas colgantes.
La hija a su vez se tiraba todos los días caminando acompañada de su mamá como 3 cuadras de una calle en la Zona Colonial para llegar hasta el colegio. En el recorrido siempre pasaban por los mismos lugares y siempre pasaba lo mismo. El colegio que quedaba en la primera cuadra siempre tenía a los muchachos y muchachas "da'o al peca'o", entrando y saliendo de las aulas en pleno desorden. Luego, en la segunda cuadra, pasaban por el frente de una especie de basurero con un gran letrero que decía: "NO TIRE LA BASURA AL PISO" que casi no se podía leer porque los desperdicios tapaban la tipografía echa en graffiti. La hija siempre tiraba un papel en ese momento y la madre le hacía recogerlo para echarlo al "zafacón" con el interés de que las muchachas que siempre estaban ahí sentadas sobre la estatua lo vieran. Quizás algún día serviría de ejemplo o tal vez serviría para que la hija "le cogiera 3 a'cos" a la madre por ponerla a hacer ese atrevimiento. Pero alguna acción traería, eso era seguro. Ya en la tercera cuadra, la hija se despedía de la madre e iniciaba sus clases. Esto ocurrió tres veces paralelamente a los movimientos que nadie veía de su madre muerta, a la conversación con el amigo italiano, a las vueltas del marido y a la cooperación de la abuela.
Al regreso de este recorrido la mujer siempre iba al encuentro de su madre para hacer una visita rutinaria, y ahora también se habia convertido en rutina visitar al esposo. Al llegar, la madre siempre le pasaba la mano "que-se-mueve-y-nadie-ve" por la cabeza de su hija. El marido en cambio, le daba sendo apretón en las nalgas. Eso pasaba todos los días y era el rito del saludo.
Hasta un día que la mujer regresó, encontró al esposo "despierto", dando saltos y brincos y diciendo: -"Casi me moría... Estuve muerto... Pero ya estoy aquí otra vez... Ahora quiero brincar, saltar, bailar, jugar... Y si, te creo, mi amor, la mano de la suegra se mueve aunque ella este muerta"
La pequeña casa se llenó de niños, música y baile hasta que sonó el despertador para levantarme.
Su amigo el italiano la escucha y comienza a hacer comentarios de su caso paterno. Se entabla una conversación de confrontación entre los sucesos madre/padre y se llega a la conclusión que fue una muerte de irse desconectando. Hasta por un instante llega la duda de si realmente estaba muerta, a lo mejor solo "andaba de parranda".
El marido, que giraba trazando círculos perfectos en el suelo de la sala cual si fuera un trompo ansioso, cargado de preocupaciones o nerviosismo, cayó tieso al lado de la suegra, acompañándola como si fuera su esposo.
Mientras tanto, la abuela ayudaba a la nieta a convertir un pedazo de metal que apareció en el apartamento en un precioso ornamento con hojas y uvas colgantes.
La hija a su vez se tiraba todos los días caminando acompañada de su mamá como 3 cuadras de una calle en la Zona Colonial para llegar hasta el colegio. En el recorrido siempre pasaban por los mismos lugares y siempre pasaba lo mismo. El colegio que quedaba en la primera cuadra siempre tenía a los muchachos y muchachas "da'o al peca'o", entrando y saliendo de las aulas en pleno desorden. Luego, en la segunda cuadra, pasaban por el frente de una especie de basurero con un gran letrero que decía: "NO TIRE LA BASURA AL PISO" que casi no se podía leer porque los desperdicios tapaban la tipografía echa en graffiti. La hija siempre tiraba un papel en ese momento y la madre le hacía recogerlo para echarlo al "zafacón" con el interés de que las muchachas que siempre estaban ahí sentadas sobre la estatua lo vieran. Quizás algún día serviría de ejemplo o tal vez serviría para que la hija "le cogiera 3 a'cos" a la madre por ponerla a hacer ese atrevimiento. Pero alguna acción traería, eso era seguro. Ya en la tercera cuadra, la hija se despedía de la madre e iniciaba sus clases. Esto ocurrió tres veces paralelamente a los movimientos que nadie veía de su madre muerta, a la conversación con el amigo italiano, a las vueltas del marido y a la cooperación de la abuela.
Al regreso de este recorrido la mujer siempre iba al encuentro de su madre para hacer una visita rutinaria, y ahora también se habia convertido en rutina visitar al esposo. Al llegar, la madre siempre le pasaba la mano "que-se-mueve-y-nadie-ve" por la cabeza de su hija. El marido en cambio, le daba sendo apretón en las nalgas. Eso pasaba todos los días y era el rito del saludo.
Hasta un día que la mujer regresó, encontró al esposo "despierto", dando saltos y brincos y diciendo: -"Casi me moría... Estuve muerto... Pero ya estoy aquí otra vez... Ahora quiero brincar, saltar, bailar, jugar... Y si, te creo, mi amor, la mano de la suegra se mueve aunque ella este muerta"
La pequeña casa se llenó de niños, música y baile hasta que sonó el despertador para levantarme.
O.B.B.
∾V∾

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